NARRATIVAS GLOBALES


El trabajo más reciente de María Fernanda Lairet tiene como sujeto de estudio conceptos económicos y sociales que son parte de la cultura contemporánea. En este sentido, su obra se nutre de la diversidad de imágenes y mensajes que conforman el vasto universo del dinero, en esta ocasión de su versión en papel (el billetes). Le interesa la imagen gráfica, más allá de cualquier interpretación filosófica —aunque sin desdeñar los fundamentos ideológicos que todo ello supone— y desde esta perspectiva establece estructuras de forma y contenido para producir un discurso cuyas preocupaciones e intereses formales superan tradición y convenciones. De esta manera, Apela a los novedosos recursos que ofrece el mundo de la informática para producir una obra basada en el análisis de edición e impresión digital, que abarca técnicas como el láser y soportes como el metacrilato.

En este proceso creativo Lairet utiliza billetes de distintas nacionalidades —vigentes y fuera de circulación en desuso?— y condiciona la selección a su grado de importancia, diseño, tiraje, permanencia activa y otros aspectos determinantes. Se apropia de estos referentes monetarios que bajo una intervención progresiva, aunque mantienen características formales de su composición original, van perdiendo su identidad y a través de los registros gráficos de la pieza referencial se produce una resemantización que genera nuevas estructuras visuales. La presentación, tanto por las técnicas empleadas como por los formatos —sin ninguna relación proporcional con el modelo—, evoca en distintos aspectos las estéticas y prácticas del apropiacionismo y del pop art norteamericano.

Los diseños son el resultado de innumerables ensayos de composición. La artista juega con imágenes, signos y símbolos que contiene el billete, y una vez definido el arte final imprime la obra sobre tela y papel. Durante el proceso operan cambios de color —para variar la croma del referente—, combinación y fusión de imágenes, e inclusión de algunos detalles decorativos aplicados con pintura de oro y plata que acentúan de forma metafórica el valor mercantil del dinero. En el caso de las impresiones en papel, superpone láminas de metacrilato con grabados en láser —imágenes extraídas del conjunto— que subrayan los emblemas de las divisas bajo el esquema fotográfico de positivo y negativo; éstas son asumidas desde la neutralidad del blanco y la transparencia para destacar la riqueza cromática del fondo. Además, de manera deliberada, se exalta la presencia de personajes universales —George Washington, Benjamin Franklin, Mao Tse-Tung, Mahatma Gandhi y Simón Bolívar, entre otros— e iconos naturales y arquitectónicos. Las piezas son concebidas en dos partes complementarias que conforman una entidad compacta y homogénea cargada de sentido.

Lairet realiza un estudio minucioso de los encuadres y fragmentos que desea resaltar. Penetra y otea las entrañas del billete por medio del escáner —producto de la tecnología actual— para develar los entramados de una fabricación secreta y compleja, y, a partir de la riqueza gráfica y simbólica que ofrecen, elige y descarta elementos dependiendo de sus intenciones para rediseñar, desde el referente original, un producto esencialmente gráfico que deviene obra de arte digital.

Las composiciones incluyen monedas de diferentes países y regiones, pero destaca de modo especial las más reconocidas internacionalmente: el dólar y el euro, fuerzas económicas por antonomasia que dialogan y compiten en una clara alusión a la indetenible carrera que ejercen las naciones los estados más poderosos por el dominio de los mercados mundiales; acción traducible en una nueva forma de dominación cultural. Bajo este enfoque también se distingue el tratamiento aplicado a otras divisas como el yuan, motor de la pujante economía de China, que junto a Brasil, Rusia e India completan el denominado grupo BRIC, iniciativa de las naciones más pobladas y económicamente más prometedoras, tanto por sus índices demográficos —lo que supone un autoconsumo significativo— como por la importancia que adquiere su producción de bienes y servicios.

María Fernanda también utiliza símbolos nacionales como una visión personal del arraigado sentimiento venezolano por la iconografía patria. Para el bolívar emplea el tricolor y las estrellas de la bandera, tema desarrollado en su pintura desde los inicios del siglo XXI. Satura y superpone los colores primarios sobre el diseño final estableciendo relaciones y dialécticas entre emblemas mercantiles y patrióticos, pues, de alguna manera, la moneda también puede considerarse una representación nacional, dada la conexión e influencia que ejerce sobre el colectivo social y por las experiencias que marcan su decurso histórico.

En su visión más amplia, la obra de Lairet plantea una reflexión crítica sobre las dinámicas procesuales de la globalización que involucran aspectos de la cultura global en un mundo dominado por la tecnología electrónica y digital; un rasgo que, parafraseando a Fredric Jameson, es intrínseco a la nueva etapa multinacional del capitalismo en la que se distinguen dos variables derivadas de la naturaleza comunicacional que enmascara y trasmite significados culturales o económicos. En este sentido, la artista propone creaciones plásticas en las que los mensajes se proyectan a través de sistemas codificados de imágenes y signos en alusión a este fenómeno mundial, situación que plantea el uso de la imagen, con todo su potencial narrativo, en historias que amplifican el discurso y aspiran a lo global como parte de la experiencia estética.

Dotada de un peculiar inusual poder de organización y una sensibilidad extraordinaria ante las nuevas nociones y formas de concebir el arte de nuestro tiempo, en esta oportunidad Lairet demuestra un talento excepcional para enfrentarse a las innovaciones tecnologías. Su actividad de investigación y creación está signada por la convicción y destreza con la que maneja conceptos y medios técnicos: cada idea, cada línea, cada imagen presente en su obra son decisiones que apenas permiten márgenes de error. Desde este contexto reivindica el diseño gráfico —área en la que se formó y se desempeña profesionalmente— como categoría estética en su más alto nivel valorativo. Por otro lado, a pesar de la posibilidad de reproducción que ofrecen sus piezas, la artista renuncia categóricamente a esta opción —contrariando la naturaleza de las mismas— otorgándoles el carácter exclusivo de objeto único. Con ello asume paradójicamente los postulados románticos del arte en la etapa más avanzada de la «reproductibilidad técnica de la obra de arte», desde los análisis realizados por Walter Benjamin en 1936. Por ende, las Narrativas globales que hoy presenta son una apuesta decisiva por el arte digital y una muestra indiscutible del desarrollo y la renovación de sus formulaciones plásticas a través del diseño gráfico y la pintura.

Luis Velázquez
Caracas, abril de 2010